Del corazón de un diseñador gráfico empírico a la cabina de un piloto, nace Venturi, una empresa destinada a revolucionar el entrenamiento aeronáutico. Esta es la historia de Sergio Agudelo, un hombre que unió sus dos pasiones para crear una solución a una de las deudas históricas de la aviación.
Sergio Agudelo lleva el diseño en la sangre, su hermana siempre le decía que era un diseñador gráfico, a los 13 años mientras sus compañeros de colegio descubrían sus vocaciones, él ya dominaba con destreza los programas de diseño y edición de video. Su mirada apuntaba más alto, hacia el cielo. Al terminar la escuela, cambió el mouse por el ‘yoke’ y se inscribió en la Academia Antioqueña de Aviación.
Su formación como piloto lo llevó de los cielos de Colombia a los de Argentina, donde obtuvo su licencia de piloto comercial, al regresar y homologar su título, una idea comenzó a tomar forma en su mente. “Me di cuenta de que la aviación y el entrenamiento de aviación requieren atención. Hay una oportunidad grande de mercado ahí”, recuerda Sergio.
El entrenamiento de pilotos, a pesar de ser una industria de alta tecnología, se había quedado anclado en el pasado, ignorando avances pedagógicos y herramientas digitales que otras áreas ya habían adoptado con éxito.
En esa encrucijada, sus dos mundos colisionaron. “Venturi se convirtió como en esa oportunidad de mezclar las dos cosas”, afirma. A finales de 2013, la idea nació como un boceto en una servilleta, un proyecto en solitario que buscaba cerrar esa brecha. Lo que no sabía es que ese borrador se convertiría en una misión para transformar la seguridad y la eficiencia en la industria aeroespacial.


La Turbulencia como catalizador
Durante cinco años, mientras trabajaba para la aerolínea Easyfly (hoy Clic), Sergio comenzó a materializar su visión. Desarrolló módulos de entrenamiento audiovisual para los equipos ATR 42, volando por toda Colombia, grabando procedimientos y simplificando conceptos complejos para los nuevos copilotos. En cada video, en cada material, estampaba un logo que ya existía en su mente: Venturi.
Validó sus métodos con estudiantes de la Academia Antioqueña de Aviación y participó en programas de aceleración con Ruta N y NXTP Labs, pero la empresa como tal seguía siendo un proyecto personal.
«Todo el material que yo estaba desarrollando, a pesar de que le ponía la marca de Venturi, era de propiedad de ellos«, reflexiona Sergio. La idea de que su trabajo, aplicable a toda la industria, quedara confinado a una sola aerolínea lo inquietaba.
Cuando llegó la pandemia. Su contrato fue suspendido, ahí se dio cuenta de la necesidad de acelerar el proceso de constitución de Venturi, fue el catalizador que lo obligó a la formalización.
Una señal en televisión y el aliado inesperado
El camino hacia la formalidad no comenzó con un trámite, sino con una señal. En 2018, mientras veía un debate presidencial, la pauta publicitaria de la Cámara de Comercio Aburrá Sur se repitió una y otra vez. “Yo decía, esto definitivamente tiene que ser una señal”, cuenta entre risas.
Al día siguiente, se dirigió a la sede de la Cámara en Itagüí, esperando simplemente llenar formularios de registro, pero encontró algo muy diferente. “En esa asesoría, ellos no me dejaban registrar, me dijeron, no, espérate un momento, tienes un potencial para otras cosas antes del registro”. Esa conversación cambió su perspectiva, entendió que la cámara de comercio era más que una oficina de trámites; era un ecosistema de apoyo.
Lo invitaron al programa EMFORMA de emprendedores, un proceso de meses de capacitación y filtros que culminó en una presentación ante 600 personas. Gracias al apoyo continuó, de la cámara, participó en el programa Colinnova del Ministerio de Ciencias.
Aunque técnicamente no cumplía el requisito de tener un NIT, buscaron la forma de que participara junto a otras empresas, de ese proyecto, ganó 20 millones de pesos. Los cuales sirvieron para el registro formal de su empresa. Ese capital semilla, junto a la asesoría legal y contable que surgió del mismo entorno, fue la pista de despegue de Venturi en el 2021.
“Si no hubiera sido por el acompañamiento de la Cámara de Comercio, no estaríamos donde estamos hoy, ellos marcaron un antes y un después, si los quitáramos de la ecuación, no sé qué sería hoy de Venturi, todo estaría muy desordenado, le faltaría la robustez con la que estamos soñando hoy”, reflexiona Sergio con convicción.


Un Equipo de comandantes para un vuelo de altura
Sergio pronto comprendió otra verdad fundamental del emprendimiento, necesitaba complementar sus habilidades. Hizo una publicación “muy persuasiva” en LinkedIn, buscando socios dispuestos a construir un sueño.
La respuesta llegó de una conexión inesperada, el Capitán Julián Castro, un piloto con una reputación impecable que hoy trabaja para Boeing entregando aviones nuevos de fábrica, le respondió. «Él le aporta al equipo una credibilidad y un capital relacional impresionante. Ha sido un punto de inflexión», explica Sergio.
Meses de conversaciones definieron una hoja de ruta y Julián se unió como socio, poco después, el equipo se fortaleció aún más con la llegada de David Castro, otro comandante con 30 años de experiencia, instructor, evaluador y fue piloto del colosal Airbus A380 para Qatar Airways. “Él es inversionista y gracias a él es que hemos sobrevivido”, admite Sergio. Con un equipo con experiencia global desde Ciudad de México hasta los Emiratos Árabes, Venturi estaba listo para el verdadero trabajo.



El software que mide lo que no se ve
Con la inversión de David, Venturi adquirió equipos de cine para elevar la calidad de su producción audiovisual, pero el objetivo era más ambicioso. Su misión se consolidó en tres pilares: educación, producción audiovisual y desarrollo de software. El centro de su innovación es el CBTA Hub, un software diseñado para medir las competencias de los pilotos.
Sergio cita un dato alarmante: el 80% de los accidentes aéreos ocurren por factores humanos. El problema reside en las llamadas competencias no técnicas: comunicación, toma de decisiones, manejo de la carga de trabajo, etc. “Este software es una solución para medir mejor el estado de las competencias de cada piloto, para medir algo que es muy difícil de medir y que un instructor puede ver muy ambiguo”.
Para desarrollar y grabar el contenido, especialmente el complejo curso del Airbus A320 —el avión comercial más popular del mundo y al que le han dedicado casi tres años—, su gran aliado volvió a ser clave, ya que ellos produjeron el primer curso de sistemas de A320 en el Centro de Convenciones Aburrá Sur.

Lo que viene
Venturi se prepara para su momento más importante, organizan la primera Cumbre Regional de Aviación centrada en CBTA/EBT (Entrenamiento Basado en Competencias y Evidencia), un evento sin fines de lucro en alianza con la Cámara de Comercio Aburrá Sur y la Academia Antioqueña de Aviación. Allí, ante gigantes de la industria como IATA, LATAM, Aeroméxico, Wingo y Boeing, lanzarán oficialmente su CBTA Hub.
“La finalidad del evento es reunirnos, hablar del entrenamiento basado en competencias. Es empezar a entender que el piloto no solamente es la capacidad de subir o bajar un tren o aterrizar un avión”, declara con firmeza.
El sueño a mediano plazo es ambicioso. Tras consolidar el A320, apuntan al Boeing 737 y luego a los “aviones pesados” que cruzan océanos. Esperan que en cinco años, el CBTA Hub sea una herramienta estándar en centros de entrenamiento y aerolíneas de toda Latinoamérica y Estados Unidos.
Con un equipo de nueve personas, una red de aliados invaluables y una tecnología disruptiva, Venturi, está lista para un vuelo sostenido, demostrando que para cambiar el futuro de la aviación, a veces, solo hace falta combinar la creatividad y la pasión.



