Una empresa que nació por accidente y ahora pinta historias de éxito

Lo que comenzó como un hecho inesperado hace más de 56 años, hoy es una empresa referente en innovación, asesoría especializada y desarrollo de soluciones para la industria de la pintura. Esa es la historia de Pinturas Uribe, una empresa familiar de Envigado que ha demostrado que el éxito no solo está en vender productos, sino en construir relaciones de confianza con los clientes.

Juan Rodrigo Uribe recuerda que todo empezó cuando su padre, quien trabajaba en Coltejer, prestó el dinero de una herencia a una empresa de pinturas. Al no poder devolverle el préstamo, la compañía le entregó un almacén como forma de pago. Sin buscarlo, la familia terminó vinculada al negocio que marcaría su futuro.

Desde pequeños, Juan Rodrigo y sus hermanos crecieron entre latas de pintura, aprendiendo de manera empírica a preparar y entonar colores. Con dedicación y el carisma de su padre, el negocio fue ganando clientes, especialmente entre los trabajadores de Coltejer, quienes encontraban en el crédito una oportunidad para adquirir los productos.

Sin embargo, el verdadero cambio llegó cuando dejaron de ser únicamente distribuidores para convertirse en fabricantes. La salida de BASF de Colombia les abrió una oportunidad inesperada: recibieron fórmulas, materias primas y empaques que los impulsaron a desarrollar su propia marca y a crear soluciones especializadas para diferentes necesidades del mercado.

Desde entonces, la innovación ha sido una constante. Pinturas Uribe ha desarrollado productos para imitar acabados en madera, crear efectos decorativos y fabricar pinturas a base de agua, siempre buscando ofrecer alternativas que no existen en el mercado y respondiendo a los desafíos que plantean sus propios clientes.

«Pinturas Uribe es una empresa de pinturas que no vende pinturas, que vende servicios, que genera empleo, que trabaja con amor con tres palabras de mi papá que eran honestidad, transparencia y disciplina», afirma Juan Rodrigo Uribe.

Aunque sus primeros pasos estuvieron marcados por el ensayo y error, hoy la empresa combina la experiencia adquirida durante décadas con herramientas de alta tecnología, como espectrofotómetros y colorímetros, que permiten lograr igualaciones de color con gran precisión para los sectores arquitectónico y automotriz.

Para Juan Rodrigo, el color tiene un impacto directo en la vida de las personas.

«El mundo gira alrededor del color y el color hace muchas veces que las personas sean felices o sean tristes, porque el color es energía.»

Uno de los principios que ha mantenido vigente a la empresa es entender que cada proyecto requiere una solución diferente. Por eso, la asesoría personalizada se ha convertido en su principal valor agregado.

«Vender pintura no es coger un galón de blanco y entregárselo a un cliente, eso lo hace cualquiera… vender pintura es, primero que todo, asesoría, ser capaz de preguntarle al cliente: ‘¿Qué vas a pintar?'»

Ese acompañamiento ha permitido que muchos de sus productos nazcan de necesidades reales planteadas por los clientes, convirtiendo cada reto en una oportunidad para innovar.

Además de construir una marca reconocida, Pinturas Uribe también se convirtió en la escuela de varias generaciones de la familia. Los hijos crecieron dentro del negocio y hoy participan en diferentes sedes y áreas de la empresa.

Para Juan Rodrigo, ser empresario implica una responsabilidad que va mucho más allá de generar utilidades.

«Lo más difícil de hacer empresa es pensar en que los trabajadores de uno deben tener las necesidades básicas resueltas y que puedan vivir más o menos parecido a uno.»

Una anécdota que se volvió tradición

Entre las historias más recordadas está el famoso aviso ubicado a la entrada del almacén: «Todo hombre casado escogiendo pinturas o colores debe traer autorización de su esposa». El letrero nació después de que un cliente insistiera en comprar un tono azul oscuro sin consultarlo con su pareja. Al día siguiente regresó acompañado de su esposa para reclamar el cambio de color, una anécdota que terminó convirtiéndose en uno de los símbolos más conocidos de la empresa.

Después de más de cinco décadas de trayectoria, Pinturas Uribe demuestra que la tradición, la innovación y el servicio pueden convivir en una misma empresa. Una historia que comenzó por accidente, pero que se ha mantenido vigente gracias a la capacidad de escuchar a los clientes, reinventarse constantemente y entender que detrás de cada galón de pintura hay un proyecto, una ilusión y una oportunidad para transformar espacios y vidas.

El programa completo lo puede ver en: Estrategia TV

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