La historia de Proyecciones Plásticas tomó forma entre moldes, máquinas y sueños persistentes. Su gerente, Luis Carlos Vanegas, no heredó una empresa; la ayudó a construir desde la intuición, la pasión por el plástico y la terquedad de no rendirse ni siquiera en los momentos más oscuros.
Todo comenzó en los años noventa, cuando un par de comerciantes con un local en El Hueco, Medellín, importaban productos plásticos desde China, uno de ellos, un corazón decorativo, tuvo tanta demanda que decidieron probar suerte con la fabricación local.


Un señor llamado Miguel Alvarado propuso hacer el molde en Colombia, y así, en las salas de sus casas, nació la primera línea de producción nacional. Con el paso del tiempo, a ese corazón se sumaron flautas escolares y tableros de baloncesto. La importación dio paso a la manufactura criolla, y así nació Proyecciones Plásticas. “Así fue como empezamos a reemplazar la importación con fabricación nacional”.
Luis Carlos conocía a los fundadores desde su juventud, cuando era cliente de su almacén, estudiando ingeniería mecánica y enamorado de los plásticos desde su experiencia como operario, tenía en mente crear empresa.
Junto con su compañero de tesis, alcanzaron a obtener un crédito, pero una crisis financiera truncó esos primeros pasos, volvió al mundo laboral hasta que Arcesio Gómez, uno de los fundadores, lo invitó a unirse a Proyecciones Plásticas, para Vanegas no fue una decisión fácil, ya que tenía un trabajo estable en una empresa de diseño, que también le ofreció ser socio, pero lo pensó y finalmente renunció para apostarle a una casa donde ensamblaban productos.
“Recuerdo que el gerente de la empresa que dejé me dijo: usted va a tener problemas de caja, de conseguir clientes, de sostener personal. Tenía razón en todo, pero el deseo de crear algo propio, de construir empresa, pudo más que cualquier advertencia. La decisión fue impulsada por mi pasión y no por las garantías, esto marcó el inicio de algo nuevo para mí, fue difícil, pero fue una decisión de vida”, recordó Luis Carlos.
Para el año 2000, la empresa dio un salto clave, adquirieron tres máquinas inyectoras que otra empresa estaba por desechar, esa adquisición marcó el inicio de una producción industrial más seria, pero el punto de equilibrio tardó en llegar.





Para el 2002, la empresa necesitaba vender más, así que crearon su primera fuerza de ventas nacional, el portafolio era limitado, así que comenzaron a diseñar nuevos productos, y para competir con China, se idearon los “Show Rooms”, exhibiciones decoradas que llevaban por todo el país mostrando sus novedades, con esto, impulsaron una estrategia que aún hoy les da resultados.
La juguetería se convirtió en el corazón de la empresa, pero trajo un gran reto, la estacionalidad, el 90% de las ventas se concentraban en el segundo semestre, para equilibrar, en el 2008 nació la línea hogar. El cambio fue vital, permitió estabilidad financiera y un portafolio más diverso. Más adelante, incursionaron también en productos promocionales, y fue así como lograron uno de sus mayores hitos.
En el 2016 fabricaron un millón de envases para Colanta en plena temporada navideña, sin descuidar su línea habitual, tuvieron que conseguir más bodegas, tres máquinas adicionales y duplicar su capacidad de producción en tiempo récord.
En paralelo, fueron adquiriendo moldes y activos de otras empresas jugueteras que desaparecieron, absorbiendo portafolios completos, hoy son reconocidos como uno de los dos mayores fabricantes de juguetes plásticos a nivel nacional.
Sus ventas están distribuidas en un 57% juguetería, 34% hogar y el resto en productos promocionales, cuentan con cobertura nacional, diez vendedores y una red consolidada de distribución.
El camino ha tenido obstáculos, en el 2006 y el 2007, vivieron una crisis financiera, llegaron a tener deudas por más de 1.500 millones de pesos y pagaban intereses mensuales que alcanzaban los 30 millones. En el 2004, incluso debieron acudir a prestamistas que les descontaban cheques al 5 y hasta 8% mensual para cumplir con la nómina.
La pandemia fue otro golpe, pero resistieron sin despedir personal. ¿Cuál fue El motor para levantarse? La innovación. Cada año, el 20 o 25% de las ventas corresponden a productos nuevos, y esos productos no salen de una oficina de diseño, sino de un trabajo colaborativo que involucra a vendedores, clientes y usuarios.
Hacen grupos focales, pruebas de campo, graban a niños jugando, recogen observaciones de amas de casa, y modifican los prototipos hasta alcanzar un producto funcional y comercial, la innovación representa hasta el 25% de las ventas anuales; es vital para seguir adelante.
Ese compromiso con la innovación encontró un aliado clave en la Cámara de Comercio Aburrá Sur, gracias al programa Inovacción, pudieron estructurar mejor sus procesos creativos, organizar fases de desarrollo, medir resultados y, sobre todo, involucrar a toda la empresa en el proceso.




Lo que antes era un esfuerzo de un grupo pequeño, ahora es un lenguaje común. Además, participaron en el programa MEGA, con el que se han trazado metas ambiciosas cómo llegar a 28 mil millones de pesos en ventas para el 2028 y consolidar las exportaciones como el 15% de sus ingresos. “El acompañamiento de la Cámara nos ha ayudado a profesionalizar la innovación y medirla con claridad”, concluyó Vanegas.
Hoy, Proyecciones Plásticas exporta a Centroamérica y la República Dominicana, y trabaja para mantenerse competitivo frente a la agresividad de los productos chinos. Con la mirada puesta en la sostenibilidad, la tecnología y la expansión internacional, Luis Carlos Vanegas sigue liderando una empresa que nació en salas de familia y hoy impacta miles de hogares.



