Inmaculada Capilar, fe, resiliencia y la historia de un laboratorio forjado por un sueño familiar

Inmaculada Capilar no es solo una empresa de productos capilares; es el fruto de una visión familiar, una fe inquebrantable y una gran resiliencia que ha logrado transformar un sueño humilde en un laboratorio propio con certificación INVIMA.

Jessica Castañeda, directora comercial y socia, relata una historia que sirve de mensaje a quienes dudan de que el emprendimiento sea posible.

El origen inspirador de Inmaculada Capilar

La historia nace del ingenio y la visión de la suegra de Jessica, una mujer autodidacta que, a pesar de solo haber cursado la primaria, siempre fue curiosa, investigadora y con la firme idea de “dejarle algo a los muchachos”.

Esta visión se convirtió en la misión central de la empresa. Jessica, por su parte, se sumó al proyecto con su vasta experiencia en el área que considera su propósito de vida: las ventas. Ella había transitado por una marca de electrodomésticos y un laboratorio farmacéutico, que fue una «escuela invaluable» en su formación antes de unirse al laboratorio cosmético donde incluso trabajaban su esposo y miembros de su familia política.

El salto al emprendimiento se dio en medio de desafíos personales, incluyendo un embarazo de riesgo y el temor por dejar un sueldo fijo, especialmente después de enfrentar una dura depresión posparto.

El proyecto se materializó en enero de 2019, cuando la suegra, sin decirle nada a nadie, obtuvo un préstamo de 10 millones de pesos. Con este capital de arranque, la empresa inició en la sala de la casa, que vaciaron para usarla como bodega.

El esposo de Jessica, quien posee una doble titulación como ingeniero de producción e ingeniero químico, fue el pilar para el desarrollo de los primeros productos: un champú de yogur con guayaba y el tratamiento “mix tropical”, encargándose de la viscosidad, el color y la fragancia.

Las primeras 400 unidades (200 de cada una) se vendieron con ayuda de la hermana menor de Jessica, quien las ofrecía en su universidad. A pesar de los éxitos iniciales, Jessica enfrentó una dura depresión posparto que se sumó a la presión de trabajar en su licencia de maternidad.

El cambio de marca y la construcción del sueño propio

Un obstáculo crítico llegó con el registro: la marca inicial, “Coral Capilar”, ya había sido registrada, forzando a la familia a reinventarse. Contrataron ayuda para el branding y eligieron “Inmaculada” para simbolizar la pureza de sus extractos naturales.

El relanzamiento exigió una fuerte capitalización de entre 50 y 60 millones de pesos aproximado, un monto que se obtuvo gracias a préstamos internos de los cuatro hijos de la suegra, demostrando que este es un negocio familiar al 100%.

En medio de esta necesidad de relanzamiento, la búsqueda de nuevos proveedores de envases se convirtió en una tarea desalentadora. El toque de las puertas para conseguir empaques fue constante y la respuesta recibida, incansablemente, era un “no”. Sin embargo, Jessica relata conmovida que la “ayuda divina” se manifestó cuando un proveedor de envases que usualmente trabajaba con el sector alimentario, y que no conocía a la familia, les otorgó crédito, un gesto que permitió seguir adelante con la producción y el nuevo branding.

La verdadera prueba de fuego ocurrió en 2022, cuando el esposo y el cuñado de Jessica perdieron sus empleos en el anterior laboratorio cosmético; la familia se vio obligada a unificar todos sus conocimientos en producción, logística, compras y extractos. Fue entonces cuando tomaron la decisión más radical y costosa: construir su propia planta de producción. La suegra ofreció su casa como herencia para el proyecto, lo que implicó vender propiedades y carros, endeudarse, demoler la casa y financiar la construcción de la planta. En esta etapa, lucharon contra el aumento del precio del hierro y hasta sufrieron robos en la obra.

La fe como sustento y el triunfo del INVIMA

Jessica Castañeda es enfática al subrayar que su “fe en Dios fue el sustento” en esos años de gran endeudamiento y desesperación, una confianza que ha visto recompensada, incluso con “bendiciones” como la provisión de útiles y loncheras para sus hijos.

El esfuerzo familiar se cristalizó en marzo del 2023. Para formalizar, cambiaron su razón social a SAS y reabrieron la Cámara de Comercio. En ese momento, en que la empresa aún no estaba lista y la construcción estaba a medio camino, recibieron una citación inesperada del INVIMA para la inspección.

La visita se había adelantado y causó una profunda angustia en la familia. Intentaron contactar a la entidad para correr la cita, pero se encontraron con un dilema difícil: posponerla implicaba esperar hasta diez meses más para una nueva oportunidad. Pese al riesgo de ser rechazados con la empresa incompleta, la familia decidió aceptarla.

En un esfuerzo conjunto, que Jessica asegura fue sostenido por su «fe en Dios», la familia se lanzó a una carrera contra el tiempo sin precedentes. A pesar de la angustia, todos trabajaron de manera improvisada y acelerada: mientras unos estaban pintando apresuradamente áreas que aún estaban en obra negra, otros se encargaban de montar maquinaria de último momento y organizar el espacio para cumplir con los estándares sanitarios.

Literalmente, fue el esfuerzo de toda la familia unida en una sola meta. Gracias a esta dedicación absoluta y a la carrera contra el tiempo, obtuvieron la certificación INVIMA el 3 de marzo, volviéndose aptos para producir.

La experiencia con la Cámara de Comercio Aburrá Sur y la Alcaldía de Envigado

El crecimiento posterior a la certificación ha sido sostenido, contando hoy con cinco maquilas y dos empleados externos a la familia. Además, han encontrado un impulso vital en el área de Desarrollo Económico de la Cámara de Comercio Aburrá Sur. El esposo de Jessica descubrió el programa Crece, y su experiencia en él fue un punto de inflexión.

La empresa se inscribió y participó activamente en sus ciclos: en el año 2024, su esfuerzo fue reconocido al ganar el premio al “mejor pitch”, una validación a su modelo de negocio. Luego, en el 2025, volvieron a participar, ya que no alcanzaron en el 2024 a ser ganadores; repitieron todo el proceso hasta llegar a la etapa final siendo uno de los empresarios ganadores; recibieron un incentivo en especie por 10 millones de pesos, que la familia decidió invertir inmediatamente en materias primas.

Además, el equipo de Desarrollo Económico llevó a la empresa a participar en Expo Belleza, dándoles una plataforma de visibilidad crucial.

Visión de futuro y el compromiso con el emprendimiento

La visión a futuro de Inmaculada Capilar es invertir la proporción actual para que su marca propia represente el 70 % de la producción y la maquila el 30 % restante. La empresa no se limita a ser un laboratorio, sino que se ha convertido en un puente para otros emprendedores, ofreciendo sus servicios de maquila y adición de marca para apoyar el nacimiento de nuevas empresas.

Jessica Castañeda, cuyos hijos (uno de 7 y otro de 15 años) ya se involucran en tareas productivas y de calidad, cierra con un mensaje de impacto social: la empresa busca bendecir a otros, pues el emprendimiento, aunque requiere tiempo, disciplina y a menudo obliga a los dueños a poner los sueldos de los demás por encima de los propios, se basa en el amor, la pasión y la confianza para generar empleo y un futuro para todos.

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