Curuba, la historia de una marca que cose identidad, sostenibilidad y confianza

Desde un pequeño taller familiar hasta el sueño de Slow Fashion, la historia de Curuba, hoy en proceso de rebranding como Slow Fashion, es un ejemplo vivo de cómo la tradición y la innovación pueden coserse en una misma puntada.

Julián Zuluaga Aristizabal, uno de los socios de la marca, compartió los orígenes, desafíos y sueños de esta empresa que ha empoderado a más de 2.000 mujeres con prendas personalizadas hechas a su medida.

El inicio, una aguja cargada de legado

La semilla de Curuba fue plantada en 2017 por Luz Ángela Ávila Echeverry, esposa de Julián, inspirada por su madre, quien confeccionaba trajes de baño personalizados para mujeres que asistían a clases de hidroaeróbicos. Luz Ángela, heredera de más de 30 años de experiencia familiar en la confección, transformó ese legado en una marca con propósito: prendas que se adaptaran a las personas, y no al revés.

Al principio, todo era personalizado, pero nos dimos cuenta de que muchas mujeres no sabían qué querían hasta que lo veían”, explica Julián. Así nacieron las colecciones, que sirvieron de inspiración y guía para las clientas.

Reinventarse después de la pandemia

Como muchas marcas, Curuba vivió una pausa obligada durante la pandemia, sin embargo, fue también un punto de inflexión. Luz se sumergió en capacitaciones, se apoyó en expertos de fotografía y marketing digital, y apostó por el comercio electrónico. Fue entonces cuando Julián se incorporó en 2021, asumiendo el manejo administrativo y comercial de la empresa, permitiendo que Luz se enfocara en lo creativo.

El crecimiento empresarial vino de la estructura, sin perder nuestra esencia”, así se lograron hitos como participar en desfiles de moda, ingresar a marketplaces y formalizar alianzas con talleres especializados”,  recuerda Julián.

La esencia: personalización con propósito

En un mercado saturado de tallas estándar y diseños masivos, la personalización ha sido el factor diferenciador de Curuba,  con más de 2.000 mujeres atendidas, la marca ha demostrado que todas las siluetas merecen sentirse cómodas y seguras.

Mujeres altas, delgadas, de tallas grandes o con necesidades específicas han encontrado en Curuba una opción que les permite vivir momentos inolvidables.

No es solo moda, es identidad,  es ayudar a alguien a sentirse bien con lo que lleva puesto”, casos como trajes de baño familiares, diseños para despedidas de soltera o productos para eventos especiales han marcado la historia emocional de la marca”, afirma Julián.

Apoyo institucional: Cámara de Comercio Aburrá Sur

La transformación empresarial de Curuba no habría sido la misma sin el acompañamiento de la Cámara de Comercio Aburrá Sur. “Nos ofrecieron programas diseñados justo para lo que necesitábamos, desde internacionalización hasta fortalecimiento del comercio electrónico”, destaca Julián. También fue clave el relacionamiento con proveedores locales, alineado con su visión de sostenibilidad y producción nacional.

Enfrentando la tormenta: cuando el corazón insiste y la razón duda

El 2025 no ha sido un año fácil para Curuba. Julián, de formación financiera, no oculta que han atravesado momentos donde la viabilidad del negocio parecía incierta. “Muchísimas veces dijimos: esto no tiene rumbo, esto no da, la razón te dice que cierres, pero el corazón pide que sigas un poco más”, confiesa.

En medio de un cierre financiero muy difícil, apareció una señal inesperada, una invitación para participar en una feria en Colombiatex de la Américas,  ese impulso les permitió descubrir una nueva línea de negocio que hasta entonces no habían explotado con fuerza,  la producción para terceros.

Nos salimos del molde del cliente final y reenfocamos hacia el B2B, en solo cinco meses, esta línea se convirtió en nuestra principal fuente de facturación”, explica Julián. Lo que empezó como una solución de emergencia se transformó en una oportunidad para reinventar el modelo de negocio, diversificar ingresos y fortalecer capacidades internas.

Slow Fashion: un nuevo capítulo

Uno de los retos más importantes que enfrenta la marca en 2025 es su rebranding, por temas de viabilidad legal con el nombre “Curuba”, la empresa adoptará oficialmente el nombre de Slow Fashion después del segundo semestre de 2025.

El nuevo nombre refleja no solo una decisión legal, sino una evolución filosófica de la marca, una moda consciente, con impacto positivo y procesos éticos. “Queremos que el nombre hable por sí solo: producción bajo demanda, sostenibilidad, talento local y compromiso con lo artesanal”.

Una empresa familiar con visión de futuro

Hoy, Slow Fashion es una empresa familiar compuesta por cinco integrantes directos, todos parientes, Luz Ángela sigue al frente del diseño, con apoyo externo en imagen corporativa y talleres aliados. Están abriendo espacio al talento joven que aporte ideas frescas sin perder la esencia construida a lo largo de los años.

Para Julián Zuluaga, el camino del emprendimiento es un proceso de aprendizaje constante, en un año complejo económicamente, lograron diversificar con producción para terceros, lo que les permitió sostenerse y continuar soñando.

El secreto es no perder la esencia y adaptarse sin miedo, siempre habrá formas de reinventarse si escuchas a tus clientes y respetas tu propósito”, concluye Julián.

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